Representa una de las principales complicaciones de la terapia intravenosa a corto plazo.
Es la inflamación de la vena durante o después de la perfusión intravenosa. Puede deberse a la inserción de una cánula demasiado grande o una vena demasiado pequeña para el calibre del catéter empleado. Las venas grandes y con paredes gruesas soportan mejor una perfusión, que las venas pequeñas y con paredes delgadas.
El tipo de solución como son los líquidos con un PH bajo o alta osmolaridad (mayor que la sangre), también puede contribuir a la aparición de flebitis.
También es influyente el ritmo de la perfusión; un ritmo lento irritará menos la vena que una frecuencia rápida, el material del catéter y el estado del paciente también influyen así como una adecuada manipulación y la administración de medicamentos poco agresivos. Materiales blandos y flexibles disminuyen las flebitis mecánicas.
Con el tiempo, las perfusiones intermitentes con cierre heparínico o SF, causan menos irritación que las perfusiones continuas prolongadas.
La flebitis puede ser química (irritación venosa producida por ciertos fármacos, la velocidad de la infusión) mecánica (debida al propio catéter, zona inestable o mala fijación), y bacteriana (infección por asepsia inadecuada y el estado de la piel del paciente).
Disminuir los signos de flebitis y el riesgo de infección.